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Parque nacional Bosques Petrificados de Jaramillo – Viaje al fin del mundo

Dejaremos Caleta Olivia atrás, para llegar  uno de los destinos cumbre de nuestro Viaje al fin del mundo; el Parque nacional Bosques Petrificados de Jaramillo. El parque nacional, es un bosque petrificado protegido ubicado al noreste de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia argentina. Anteriormente era un monumento natural, instituido en 1954 para preservar la integridad de un exponente del proceso de petrificación sobre paleobosques de la Patagonia. En diciembre de 2012, se decretó la recategorización de esta área protegida, bajo la figura jurídica de parque nacional.

 

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Hace 150 millones de años, en el período Jurásico medio superior, el área que ocupa este parque nacional presentaba un clima estable con abundante humedad. Se desarrollaban densos bosques con árboles gigantescos, entre los que merecen destacarse antiguos parientes de la araucaria. Al inicio del período Cretácico, erupciones volcánicas, que coincidieron con el inicio del levantamiento de la cordillera, sepultaron con ceniza y lava vastas extensiones del territorio patagónico. Parte de los bosques cubiertos por cenizas fueron sometidos a procesos de petrificación.

El surgimiento de la cordillera de los Andes produjo transformaciones drásticas en el medio ambiente, al cambiar el clima de toda la Patagonia. Desde entonces, la humedad transportada por los vientos del Pacífico se condensa al atravesar las alturas y origina lluvias que permiten el desarrollo de los bosques andinopatagónicos actuales. Los fuertes vientos continúan su camino hacia el Este desecando aún más la estepa. Posteriormente, la erosión de un territorio que se fue haciendo cada vez más árido dejó al descubierto grandes sectores de estos bosques que se petrificaron con el transcurrir de millones de años, quedando inclusive algunos ejemplares en pie.

Elevaciones de escasa altitud, coronadas por lava, representan los vestigios de la actividad volcánica de aquel tiempo. Un buen ejemplo de ello es el cerro Madre e Hija, un volcán extinto que se erige como figura destacada en el paisaje que se aprecia desde el yacimiento paleontológico.

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Hace más de 10.000 años, el área fue asentamiento de poblaciones de cazadores-recolectores, cuyos testimonios son los diversos y numerosos tipos de asentamientos hallados: “picaderos” o talleres, campamentos base, enterratorios y canteras para la extracción de materias primas. Entre estas últimas, la madera fósil de araucarias de este parque era seleccionada para la fabricación de instrumentos de piedra. Para la economía de estos grupos humanos, la diversidad de microambientes del área –como vegas, lagunas temporarias de baja profundidad, cañadones, alta meseta, pastizales- ofrecía un conjunto de recursos disponibles en espacios accesibles con cortos desplazamientos: agua durante todo el año en los manantiales (pequeños oasis), reparo y leña, buena visibilidad, animales para la cacería tales como el guanaco y el choique o ñandú petiso, y una gran disponibilidad de rocas para la talla de artefactos.

El sendero peatonal del parque, recorre 2 km donde se pueden apreciar grandes ejemplares de araucarias petrificadas. Además, el circuito ofrece la posibilidad de realizar un recorrido corto de fácil tránsito para todo público.

Luego de explorar el bosque petrificado, seguiremos rumbo al Puerto San Julián, donde nos alojamoremos. Al cuarto día de viaje y a más de 3000 km de Montevideo, nos encontraremos casi en el extremo sur de nuestro continente y el inicio de nuestros principales objetivos de viaje.



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